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AGUANTELCHACA

RELATOS AUTOBIOGRÁFICOS

Análisis de Autobiografía - Ferrari

Análisis de la autobiografía 

1)      a. Adolescencia 

o        libido incipiente, hecatombes hormonales (excitación sexual, condicionantes físicos)

o        mentalidades vírgenes (concepción de alumno-recipiente, proceso educativo exterior al alumno, el alumno nada sabe)

o        sagacidad digna de atención médica (humor, compañerismo, socialización positiva)

o        nunca pudimos ser lo que hubiéramos deseado [] no nos atrevimos [] no nos dejaron (impotencia, pasividad, cobardía, frustración, falta de autenticidad, falsedad, violencia simbólica)

o        autoritarismo y miedo (sometimiento, esquemas personales, patología) 

               b. Condición de alumno 

o        mi contracción al estudio disminuyó notablemente (intereses divergentes de la educación, falta de enfoque, la educación es estudiar)

o        imágenes vívidas de los primeros tres (etapa positiva centrada en el proceso educativo)o        nunca representó una dificultad para mí (capacidad para la asignatura, escaso interés, neutralidad)

o        alegrías para mis compañeros y sinsabores para mí (sufrimiento, situación traumática, individualización dentro del grupo)

o        me llamó a lección y yo no había estudiado (irresponsabilidad, memorización = educación; situación traumática; castigo; fracaso)

o        mi situación se complicó (angustia, sufrimiento, soledad, individualidad)o        generó carcajadas en el curso (burlas, exclusión del grupo, objeto y no sujeto)

o        mis calificaciones no fueron muy altas ese año (criterio cuantitativo; bajas notas = mala educación; castigo por el fracaso)

                c. Contexto

o  secundaria enmarcada en una dictadura (educación rígida, orden, uniformidad, educación tradicional, masificación, violencia, paranoia)

     2)      Profesores de Lengua y Literatura 

o        profesoras encargadas de formar (el docente hace al alumno, rol pasivo, contenidos solamente)

o        docente de primer año singular belleza, contundente figura, generosísimas caderas (percepción sensorial, mezclas de roles, objeto de deseo, imagen distorsionada)

o        mujer amable y cariñosa (valoración positiva de comportamientos)

o        segundo año interventora; aspecto agrio; enorme y gordo lunar (lo físico condiciona lo emocional, rechazo, imagen negativa, valoración negativa de lo externo)

o        simpática figura de la profesora de tercer año; el espectáculo de sus callosidades; gárgaras; té de media mañana (caricatura; infravaloración; actitudes personales priman sobre rol profesional; autoritarismo; falta de idoneidad)

o        “Este alumno no sabe un pito”; me puso un uno (castigo, sentencia, condena, autoritarismo, rigidez, educación tradicional)

o        nuevo rol cómico (falta de profesionalismo, degradación del rol docente)o        me llamaba a lección todas las clases [] remataba con la consabida frasecita (banalización del proceso educativo, patología, persecución, autoritarismo, insensibilidad)

 3). Clases de Lengua y Literatura 

o        sin recuerdos de los últimos tres años (proceso educativo poco significativo)

o        nos hizo leer un montón de libros (actividad fundamentalmente de comprensión, literatura, exceso, sobrecarga de trabajo)

o        nos hizo conocer los rigores de la educación monástica (trabajo, esfuerzo, sin gratificación, visión negativa del plano religioso)

o        la aridez y el sopor deben haber sido constantes (aburrimiento, inacción, pasividad, proceso educativo estéril)

o        me llamaba a lección todas las clases (evaluación como método de verificación del proceso, el alumno “objeto” de la educación, cuantificación)

o        ante una consulta de nuestra parte, se sentaba en el pupitre (desdibujamiento de roles, contacto físico, la sexualidad como mecanismo de control)

4). Contenidos 

o        leer un montón de libros (Literatura y otros mundos posibles, descubrimiento, hábito, nuevas experiencias, evasión, placer) 

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Autobiografía Escolar: Crónicas de la Escasez

Autobiografía escolar: crónicas de la escasez

  Mi memoria nunca fue una buena compañía. Jamás pude asociarla con esa figura del sirviente abnegado, en vigilia constante, que cumple, presuroso y eficiente, los caprichos de su amo; antes bien, hace gala de una irritante autonomía, de una insufrible independencia funcional que la lleva a otorgarme sus dones según su antojo y capricho, coartando así mi legítimo derecho al usufructo. En resumen mi memoria es un asco.

Aclarado el punto, se imaginarán ustedes el titánico esfuerzo que supone para mí cumplimentar debidamente los requisitos de este escrito. Tras una ardua batalla pude arrebatarle a esa tirana el magro botín de algunos recuerdos fragmentados, meros retazos de un tesoro que ella, en su avaricia, me oculta. Curiosamente, las imágenes rescatadas corresponden a mis primeros años de secundaria. Quizás esto se deba a que en las últimas  etapas mi contracción al estudio disminuyó notablemente, para desazón (y enojo) de mis progenitores.

Debo mencionar, en principio, que la mía fue una secundaria enmarcada en una dictadura. La aclaración no es menor, si se tiene en cuenta que este contexto permeó toda mi educación media con dos elementos que marcaron esos años de mi vida: el autoritarismo y el miedo. En tal sentido, los jóvenes de mi generación nunca pudimos ser lo que realmente hubiéramos deseado; porque no nos dejaron y porque no nos atrevimos. Visto así, en retrospectiva, parece algo triste… y lo es.

Ahora intentaré hacer foco en mis vivencias relativas a la asignatura Lengua. De mis últimos tres años no tengo memoria (me las vas a pagar, maldita), pero guardo algunas imágenes muy vívidas de los primeros tres. Resulta curioso, pero tengo que señalar que la asignatura no fue una de mis preferidas (tal vez porque nunca representó una dificultad para mí) aunque tampoco me desagradaba. Un cierto aroma a neutralidad sobrevuela ese recuerdo.

Puedo recordar con claridad las profesoras encargadas de formar (es una frase y no una palabra) nuestras tiernas (por no decir vírgenes) mentalidades. La docente de primer año llega a mí rodeada del aura luminosa con que la vi a mis trece años. Poseedora de una singular belleza y una contundente figura, inmediatamente se transformó en objeto de adoración de nuestras incipientes libidos. Ni qué decir cuando, ante una consulta de nuestra parte, se sentaba en el pupitre corriéndonos, literalmente, con sus generosísimas caderas. Fácil resultará imaginar la hecatombe hormonal subsecuente. Aparte de eso, la recuerdo como una mujer amable y cariñosa que nos hizo leer un montón de libros.

En segundo año, Dios no estaba contento con nosotros y nos castigó duramente. Para ello nos envión una interventora… perdón… profesora, de apellido ruso, aspecto agrio y modales amargos que nos hizo conocer los rigores de la educación monástica. Su rostro era seco y ostentaba, como marca distintiva, un gordo y enorme lunar en el centro geométrico de la frente. Mis compañeros de clase aventuraron (con una sagacidad digna de atención médica) que podía ser alguna bala disparada por algún ex alumno y que había tenido miedo de ingresar al cráneo.

No tengo recuerdos claros sobre sus clases aunque, si eran como su aspecto general, la aridez y el sopor deben haber sido constantes.

Para finalizar, debo mencionar la simpática figura de la profesora de tercer año, dueña de una personalidad muy particular. Se sentía especialmente cómoda en el aula, hecho que quedaba confirmado cuando, al grito de: “Ah, los pies me están matando”; se quitaba los zapatos y nos ofrecía el espectáculo de sus callosidades; o las veces que, pretextando la necesidad de tomar medicamentos, hacía traer un vaso de agua para luego emitir glogloteos líquidos (entiéndase “gárgaras”) previos a la ingesta. Ni qué decir de su tradicional té de media mañana (que bebía descalza). Debo mencionar un hecho que me involucró y que fue motivo de alegría para mis compañeros y de sinsabores para mí: cierta vez me llamó a lección y yo no había estudiado. “Este alumno no sabe un pito” sentenció y me puso un uno, lo cual generó carcajadas en el curso. Motivada por su nuevo rol cómico, mi situación se complicó: me llamaba a lección todas las clases y, sin importar cuánto estudiara, remataba con la consabida frasecita. Mis calificaciones no fueron muy altas ese año.

 Espero sepan perdonar tan extenso relato. He intentado darle forma a la escasa sustancia que dejó escapar mi memoria. Si no lo he logrado, mía sólo es la culpa.

Análisis de autobiografía - Monsalve

ANÁLISIS 

_ Con este contexto escolar, esa inmensidad permitía perfectamente llevar a cabo actividades vandálicas, por así decirlo, de lo mas variadas.

_ Esto refleja consecuentemente la reincidencia en estos hechos en una edad critica como lo son los 14 y 15 años, desde el punto de vista de la adolescencia y esa inconsciente vulnerabilidad hacia la repitencia que sobrevino luego.

_ Aquí ocurrió que al dejar de asistir a la escuela secundaria y debido a haber repetido, el cambio fue por demás desestructurante, se paso de la antigua secundaria al tercer ciclo de la E.G.B. y el consiguiente polimodal, el cual me era desconocido.

_ En este nuevo contexto escolar no se encontraba esa inmensidad física ni de alumnado anterior que daba rienda suelta al mal comportamiento ya que solo existían funcionando cursos para repetidores.

_ Este acercamiento a la literatura fue muy provechoso desde mi punto de vista posterior a la edad primera de la adolescencia. La lengua como disciplina nunca fue objeto de mi devoción (aún hoy no lo es) y no tanto así la literatura, a lo que recuerdo hoy como el mejor contenido escolar que me fue brindado.  

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Autobiografía Monsalve

Autobiografía 

Recuerdo que recién terminado el año 1997, comenzaba la mejor etapa de la vida de cualquier persona, la secundaria.

En mi caso recuerdo que con el consejo de alguien que no recuerdo en realidad, en la lista de prioridades de colegios coloque sin titubear “Ingeniero Pablo Nogues” y así se dio que a partir de la segunda quincena de febrero ya estaba yo allí paseando por  las inmensas galerías, que con el paso de pocos meses fueron las mismas que me vieron pasar a buscar mi primer parte de amonestaciones, los cuales luego fueron repetitivos.

Así pasó todo el primer año, al cual de todas formas sorteé de manera exitosa. Aunque seguía de todos modos con la costumbre mía y de cuatro o cinco mas que iba desde tirar tubos de luz por la ventana hasta encender petardos desde el primer piso hacia planta baja.

Llegado el segundo año, las costumbres eran las mismas, pero esa vez no logré pasar de año; así que, sin más repetí.

Después ya como repetidor seguí igual hasta mediados del año. Desde allí deje por un tiempo de estudiar, por así decirlo.Hasta que ya con 17 años y solo el antiguo primer año de la secundaria de mi lado, comencé a preocuparme por la escuela (ley federal de educación mediante).Arribé a noveno año de una escuela de Godoy Cruz que funcionaba en las instalaciones de una escuela primaria.

Poco a poco tuve alguna que otra profesora de materias que, yo al venir de una escuela técnica, no comprendía.

Debido a la formación  en humanidades este colegio me brindó la posibilidad de conocer la filosofía, la literatura, la sociología y la psicología. De las cuales la que mas me deslumbró fue la literatura (no tanto así la lengua). Descubrí a Martí, Neruda, Márquez, Sábato, Cortázar, Cervantes y su Quijote, también así a varios filósofos.

Así, lentamente, fui conociendo esta capacidad que tiene el hombre que es la de transmitir su vivencia, su saber, a cambio de nada.

Sobrevinieron  así, años de buenos recuerdos a los cuales guardo en lo mas profundo de mi ser, el que cual esta bastante ávido de leer lo máximo posible para poder, desde mi pequeño lugar, transmitir o retransmitir, ya que uno solo es un instrumento, solo un poco de lo que mas me gusta que es la literatura.

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